Dejadme cuidar de vuestra alma
no la deseéis solo para vos.
Dejad que la mime con sonrisas
de luz y de cariño.
Entrando sutilmente con
pies descalzos en vuestro silencio,
roto por el sonido de mi voz.
Voz, que aun sin ser oída
es como cascabel oculto,
esperando el encuentro.
Dejadme cuidar vuestro corazón,
ponedlo en mis manos,
manos que aguardan su llegada
desde la infinidad del tiempo,
desde siempre.
Dejadme solo complaceros,
tan solo eso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario